tu medicina ♫ |
altar: encuentros y conciertos. canciones y milagros. recomendados que recomiendan. compartir es la tarea. suena y sana. |

“Si mi tierra llora conmigo no,
no es verdad que todo sigue igual…
si mi tierra llora contigo no,
no es verdad que todo es como ayer…
la quiero florecer…”
Cuando se creó éste espacio se sabía que Luis Alberto Spinetta iba a ser un protagonista asiduo, pero no cabía en la imaginación que entre la calma del verano iban a quemarnos las noticias… No por lo inevitablemente humano, sino porque uno es propiamente eco de lo que siente y con él la eternidad es un lugar común, así como lo medicinal de su arte tan natural como el cliché de respirar diría…
¡Qué tristeza sentir tanta tristeza! Y a la vez, ¿cómo no sentirla? Siento que podría detener el tiempo ahora o traspasarlo así: escuchándolo, viéndolo, oyendo anécdotas ajenas, contando las propias, cargando videos, abriendo los viejos VHS, lustrando las añejas Pelo… interminablemente hablemos de él, es tan fácil amarlo y gozarlo! Es que es El Flaco, entendamos eso… no es otro, ni más ni menos es El Flaco, él y su sonrisa, él… tan guerrero de luz, fuerte y al alba, que es incalculable el valor de su obra pero más aun el de su corazón, argentinismo sentimental de luxe.
Lo primero fue la incredulidad al unísono del llanto explotado, luego fue un deja vu… aun sigue siendo así… es una locura sentir por momentos tanta inconsciencia sobre lo real o irreal de lo que está sucendiendo, pero es así… Y segundos después, como bajo los efectos de la droga del dolor y amor inmenso, imaginé la alta yunta celestial entre George Harrison, Lennon y él, entonces me embriagué de longitudes fuera de tiempo, emocionada volviendo cosquillas ese dolor de panza que te dobla cuando alguien se te va…
Y la verdad es que también fue inevitable pensar en Gustavo, en ese rezo de soltarlo y darle libre vuelo, no logré ni logro dejar de proyectar el instante más esperado que ahora se vuelve desesperado: ¿qué diría si abriera los ojos y se entera que en “x” tiempo El Flaco nos dejó? Entonces una vez más, rendida de cursilería frente a la relación que los une, repase todo tipo de deseos y anhelos, transformaciones heroicas y un portarretrato que no existiría en nuestro plano, pero que bien le queda a lo elevado, a ese plano en el que todo sucede y las razones no son incertidumbre ni lagrimales colectivos…

Y pasan las horas, y no se desata el nudo… Pero es encantador saber que hay un lugar de encuentro entre tanto dolor: todos lloramos lo mismo, y eso habla bien de nosotros como generación atemporal que le correspondió el amor a un enamorado de lo precioso, por lo que siempre en palabras mayores, todo esto habla mucho mejor de él que supo guiarnos a éste despertar a su lado desde hace más de cuarenta años.
La bipolaridad infamia de querer solo hablar de él, como si eso revirtiera algo o lo negara quizás… pero qué mas decir a quien todo lo dijo? la incesante búsqueda de respuestas entre sus letras, y el consuelo oyente activo en las melodías…
En cada historia hay algo que él cantó, y ahí opté por refugiarme porque claro… Luis Alberto todo lo escribió, lúcido y romántico no le temió a ninguna visión y todas las hizo poesía, ilustración, conversación, momentos… entonces de cada realismo y fantasía habló, y de lo que no, lo resignificó en su laberinto infinito y profundo de metáforas y de sanación. Maestro mayor de obras, gurú de lo invisible, versos de luces y de sombras, nos hizo al amor y el Universo se rindió a su cristalidad, sensibilidad divina…
Entonces no hay motivo alguno para apurarnos a festejar eso que sabemos todos: sí, es eterno, pero ya no está entre nosotros y hoy todo es hielo… La alegría y gratitud calman, pero lo irremediable y el “hasta siempre” están haciendo de estas horas un largo camino a casa como si supiéramos que no llegaríamos nunca.
Eso es lo hermoso y renaciente del arte, la búsqueda y la revalorización constante, siempre es nuevo, El Flaco siempre será actual, eso es parte de éstos días en la aventura de lanzarse y entregarse a vivir, aun en lo más doloroso… él vino a un mundo, y se fue de otro mundo, en el cual la responsabilidad del cambio cae de sobremanera en él, gran creador de mundos maravillosos, y se reproduce en cada micromundo propio de los que aun hoy seguimos llorando, y mañana a la mañana también.
El equilibrio se ríe en nuestra nariz cada vez que musicalizamos la respiración agitada de luto, para adornarla en sus suaves coros agudos…

No en vano éstas noches vienen azul profundo, frescura pura y luna llena perfecta; no en vano es feliz y generoso el poder hablar del Flaco monotemáticamente como para quedarnos en éste instante suspendido, para que nadie lo apague, y sabremos que nadie lo apagará, pero tampoco queremos alejarnos más de éstos días por que con este colmado de Spinetta es una oda la vida… Tanto Luis Alberto sobrevolándonos, en lugares impensados y en bocas sorpresivas, buchonean cómo la gente quiere otra cosa y delata popularmente como él salva el espacio de un modo real. Son días hermosos, de músicas hermosas y de conexiones emocionales maravillosas… y sí, esto también es obra de Luis, que sonreirá ya sin dolor físico ni pesadumbre alguna hecho luz.
Amo de una belleza en libertad incuestionable desde su persona, en su familia, en su mirada, en sus recitales, en su mundo… haciendo encantador cada simpleza que tocaba, cada detalle que dibujaba o cada historia que regaba, yo misma ya me hago un nudo en el que todas las palabras sobran y a la vez, en todas las descripciones falta todo…
Sí, falta él. Está él. Al Flaco, entonces, una y otra vez, dale gracias…
Me repito, me copio, y me apego a mi misma desconsoladamente en este sudor colectivo de angustia precisa: Flaco te amo tanto que no puede ser y a la vez sí… ¿qué hacías en este mundo con nosotros simples mortales, loco? ahora el Sol tiene alma, y nosotros un Dios real.
Al lector que llegó hasta aquí, lo abrazo fuerte. En este egoísmo necesario de escribir y despedir, resulta que uno encuentra rebotes generosos que también apaciguan la espera, por que claro que ya nos encontraremos todos en algún lado…
Ahora nos dejo a todos con él y sus pensamientos ultrasónicos, extrasensoriales y la puta madre que lo parió… no paniqueen, pero sí hablemos desde la penumbra en esta unidad integral de sentimentalismo hermoso que nos encontramos… nunca en mi vida me paso que mire a quien mire, conozca o no, pueda comprender lo vidrioso de sus ojos.
“No puedo evaluar lo que hago con el aplausómetro. Me importa un belín. La pregunta es, si un pintor que sabe que es bueno sabe también que no va a poder mostrar sus cuadros, ¿los pintaría? Más bien. Le chupa un huevo. Un novelista, un poeta que es capaz de escribir versos, ¿qué necesita? Nada; va a Pippo, se pide un fresco y batata, se sienta y en el mantel, nomás, escribe LAS palabras. ¿Tecnología? Nada ¿Costo? Cero. Si uno hace música y sabe que suena bien, no importa si otro cree que no es tan buena. ¿Qué? ¿La voy a parar y no la voy a componer? No. Me importa un pito. Es el aire para quien yo la estoy haciendo y es el aire el que me va a devolver lo que yo quiera sembrar allí. ¿Acaso una novela se aplaude? Se lee en soledad. El arte es un trabajo individual y suena dentro del recinto en el que se lo trabaja. De ahí a que se crea que es una necesidad que otro lo escuche hay un largo espacio. Y, por otro lado, cuando la música es buena, cura. Cura. Sólo eso. Entonces, ahí sí hay que difundirla. No hablo de mí, por supuesto. Yo no sé qué curo. Más bien a alguno le debo desvirular el bocho, por los tonos que uso, ¿no? La música es algo que va más allá de si uno da recitales o no. Hay que librarse de todo eso y quedarse con la naturaleza del sonido, como para ver bien a qué jugamos con este lenguaje tan maravilloso. Y a mí, que me siento un pequeño músico, frente a músicas que son el cielo, me encanta poder difundir algunas ideas que creo que son válidas. Me encanta poder hablar de lo sagrado que tiene el sonido. De esa arcilla con la que, si se tiene la visión del cielo, se puede elaborar el cielo.”
Hoy sos el aire, y nosotros todos somos las hojas del aire.
Gracias Flaco, millón de veces por instante te diré gracias, y más aún, millón de veces más en cada escucha que todo se cura… pero hoy dolés en tu ausencia, hoy ya me sanaste para siempre.
Amor a sus hijos, amor a su familia y amigos.